Cuarentena de Sombras – V

19 de Marzo de 2020

11:07 horas

José ayudo a Ava a levantar la plancha y la apoyó en la pared del fondo. Al apoyarla se fijó que la pared tenia unas marcas recientes de apoyo, esa trampilla se había abierto recientemente y varias veces. Los dos se quedaron en silencio mirando el oscuro agujero.

Ava levantó la cabeza y se quitó la mascarilla.

– Esto es una locura José. Escúchame lo que te voy a decir. Tu hijo esta solo en casa y Tú no vas a bajar ahí abajo. –

José la miró extrañado mientras también se quitaba la mascarilla. Ava le conocía bien y la curiosidad le estaba carcomiendo por dentro, pero no pensaba entrar ahí dentro sin saber algo mas. Apuntó la linterna al agujero y la luz led mostró una escalera empotrada en la pared de la trampilla que llegaba hasta una profundidad de unos 3 metros, se veía el suelo desde su posición.

– Desde aquí se ve el suelo Ava, no parece peligroso. –

– ¡Por Dios, José!, ¡no sabes lo que hay ahí abajo!. Vamos a tapar esto, nos subimos a casa que no quiero dejar solo a Alex mas tiempo y hablamos de esto. –

José asintió con la cabeza. – Tienes razón. – No pensaba discutir con ella, nunca ganaba y esta vez no iba a ser menos. Había pasado una hora desde que dejaron a Alex solo y era el momento de volver. Con cuidado volvieron a cerrar la trampilla y quitaron la barra que hacia de manilla, Ava la tiró a una esquina. Salieron a la calle y cerraron la puerta del cuarto de las telecomunicaciones. José pensó en ese momento que no tenia sentido seguir llamando así a la puerta, pero calibró el estado de animo de su mujer y prefirió no proponer un nuevo nombre, al mismo tiempo se guardó la llave triangular en el bolsillo trasero del pantalón.

Subieron en silencio los 10 pisos del ascensor y entraron a la casa. Alex les llamó desde la cocina, estaba en el descanso del colegio online y estaba aprovechando para almorzarse unas galletas.

– Habéis tardado mucho. ¿Estaba el coche en el garaje, no lo habrán robado? –

– No enano, está todo en su sitio, pero hemos aprovechado para ordenar un poco todo, por eso hemos tardado en subir. –

– Vale. Vuelvo a mi habitación, ahora tenemos clase de música. – Hizo un movimiento de director de orquesta mientras se levantaba de la mesa de la cocina y daba un beso a su madre.

Ava esperó a que Alex entrara a su habitación y señaló el sofá del salón sin decir nada. José se sentó en el sofá y Ava se dejó caer a su lado.

– ¿Qué ha pasado ahí abajo…?, José dime que ya sabias lo de ese cuartucho y dame una explicación, por favor. –

José la miraba compresivo, la mente analítica de su mujer necesitaba saber para que era ese cuarto y que la trampilla llevaba a algún sitio necesario para el edificio.

– Bueno, a lo primero la respuesta es no, pensaba que tras esa puerta estaban los cuadros de telecomunicaciones. A lo segundo puedo decirte, por ejemplo, que ese cuarto y esa trampilla dan a las maquinas de calefacción comunitarias… Pero creo que tu y yo sabemos que no es así… –

– Efectivamente, no es así porque esas maquinas están al lado del ascensor de la otra escalera, he visto varias veces a los técnicos revisando y poniendo a punto el sistema. ¿Recuerdas si nos nombraron algo parecido a esto cuando compramos el piso?, esas escaleras tienen que estar ahí por algo… –

– Estoy seguro de que nos dijeron nada. Es un edificio antiguo, ese acceso tiene que tener alguna explicación. Quizás se utilizara durante las obras para mover herramientas de forma interna. ¿Por qué no buscas por internet información del edifico, a ver si encuentras algo que nos saque de dudas?, yo voy a llamar al administrador y contarle lo que hemos descubierto.

– ¡Ni se te ocurra José!, si le dices al administrador que hemos salido a la calle esta tarde tenemos aquí al CSIC y a la Policía, ya sabes como es ese tipo, ¡nos denuncia seguro! –

– Vale, es verdad, mejor no decir nada a ese huraño. Voy a llamar a Marcos, seguro que el puede contarnos algo. –

Marcos era amigo de José desde que conoció a Ava. La mujer de Marcos, Elena, y Ava eran amigas desde el instituto y los dos matrimonios tenían una gran amistad. Marcos era arquitecto y trabajaba para la mayor constructora de Alicante desde hacía bastantes años, además era un estudioso de las construcciones entre mediados del siglo XIX hasta mediados de siglo XX, siempre decía que el gusto arquitectónico se había perdido con los tiempos modernos.

José entró al despacho, cogió el teléfono móvil y tras comprobar que no tenia llamadas perdidas buscó el contacto de Marcos y le llamó. No tardó ni dos tonos en descolgar.

– Benditos los oídos que te escuchan, José. ¿Cómo estáis? –

La voz de Marcos sonó cercana y briosa, vivían en un Chalet unifamiliar en el Cabo de las Huertas, una de las mejores zonas residenciales de Alicante y disfrutaban de una parcela de 1000 metros cuadrados. Su confinamiento no tenia nada que ver con el de Ava y José.

– ¡Hola Marcos!. Que buena voz tienes, dime que no te pillo ocupado, anda. –

– Jajajajaja, estaba leyendo un proyecto que me han enviado, sentado en la terraza con un zumo de cebada, ¡hay que aprovechar este día! –

– ¡Maldita sea tu estampa, condenado!, que bien vives, joder, jajajajaja. Por aquí todo bien, Alex lleva bien lo del colegio online y Ava y yo no hemos discutido, de momento. ¿Elena bien? –

– No lo sé, no la he visto desde ayer, jajajajajaja. Es broma, la tengo aquí al lado enviándote un beso. Dime que necesitas, que a esta hora y conociendo a algunos de tus clientes, será algo urgente. –

– No, no, tranquilo, no es urgente, es algo informativo, necesito de tu conocimiento profesional con algo que nos hemos encontrado en casa. –

– ¿No me digas que oyes ruidos en tu casa por la noche?, ya te he dicho que tus vecinos tienen vida amorosa y que tu obligación es dejarles que la tengan. –

– Jajajajaja, noooo, no es eso, los vecinos se han debido de separar porque no les oímos hace semanas. Te cuento, ayer me escapé durante unos minutos y salí a la calle, a la zona comunitaria del edificio, ya sabes. –

– Eres un valiente José, te has jugado la vida… – La sorna de Marcos era manifiesta.

– Calla mamón y escucha, seguro que es una tontería y que tu sabes lo que es. Resulta que hay una puerta al lado de nuestro garaje, pensaba que era un RITI, pero la hemos abierto y dentro hay un cuarto vacío con una trampilla en el suelo que da a un agujero con unas escaleras. ¿Tu sabes que hace ese agujero con escaleras en mi edificio y a donde lleva? –

Durante unos segundos se hizo el silencio al otro lado del teléfono.

– Es un agujero en el suelo, por lo tanto las escaleras van hacia abajo, ¿correcto?. –

– Correcto, ¡así es!. –

– José, esta claro y me sorprende que no sepas donde da esa trampilla, ¡es la entrada a las antípodas!, jajajajajaja –

José se rio con Marcos, no había visto venir la broma.

– En serio Marcos, sin entrar en detalles, ayer me dio la sensación de que alguien había entrado a ese cuarto. No se si tenemos ocupas en el edificio o si algún sin techo se nos ha colado. Es la primera vez que me encuentro con una trampilla así y este edificio no tiene garajes subterráneos, así que he pensado que quizás sea algún túnel de la obra de construcción del edifico, por eso he pensado en ti, si alguien sabe algo de eso eres tú. –

– Vale, vale, ya paro. A ver, la Pirámide no tiene garajes subterráneos, eso lo tenemos claro, y lo del túnel de obra no es viable, cuando levantas un edificio y no tiene sótanos no te dedicas a crear túneles que puedan perjudicar a la estructura o estabilidad del edificio. La verdad es que no sé que puede ser, pero casi seguro que el arquitecto pensó inicialmente en algún tipo de bodega y la descartaría durante el levantado del edificio. –

– Algo así hemos pensado Ava y yo, pero no tenemos ni idea y la única persona que conocemos y que pueda darnos algo mas de información, eres tu. –

– Bueno, pues si Ada esta metida en eso, cuenta con mi ayuda, porque conociéndola no se va a quedar tranquila hasta saber que coño pinta un agujero en su casa. Voy a pedir los planos del edificio en el registro del catastro y les echo un vistazo, seguro que hay encontramos la respuesta. –

– ¡Gracias Marcos, eres un tío grande! –

– Un placer José, estas semanas si algo sobra es tiempo, te cuento lo que averigüe, ¿ok?. ¡Un abrazo, amigo! –

– ¡Un abrazo! –

José colgó el teléfono y sonrió. Hablar con Marcos siempre era un placer, era un disfrutón de la vida y trasladaba a los demás ese buen rollo. Sabía que le devolvería la llamada en cuanto supiera algo mas, así que ahora tocaba esperar. Salió al salón y le contó a Ava la conversación con Marcos, ambos estuvieron de acuerdo en esperar noticias del arquitecto para decidir si hablaban con el administrador del edificio.

23:14 horas

Ava y José estaban cogiendo el sueño, hacia mas de una hora que habían acostado a Alex y la película a volumen bajito del televisor de la habitación les estaba venciendo. En el exterior, la luz de la luna sobre el mar Mediterráneo iluminaba el edificio por el lado Oeste y dejaba para el lado este la oscuridad nocturna. En ese lado estaba la puerta, que dejaba escapar un hilo de luz del interior y casi sin hacer ningún ruido se abrió, al mismo tiempo que se apagaba el pequeño haz de luz. Una forma salió a la calle, se paró a observar, llevaba un saco al hombro que parecía vacío. Cuando la forma se aseguró de que estaba solo salió corriendo hacia el muro que separaba los garajes del exterior y de un salto se encaramó a lo alto del muro para salir al exterior.


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