Cuarentena de Sombras – I

14 de Marzo de 2020

15:47 horas

Las noticias del telediario se habían centrado en la comparecencia del Presidente del Gobierno anunciando el confinamiento para el día siguiente. Esa enfermedad que había aparecido hace unos meses en China y se había extendido por todo el mundo estaba matando a la población y nadie tenía claro como pararlo. Covid19 la llaman y los efectos son de todo tipo, leves, fuertes, mortales… Pandemia le están llamando…

José miró a Ava y Alex, estaban a su lado, sentados en el sofá abrazados. Ava intentaba explicar al pequeño de 9 años que la situación de las próximas dos semanas iba a ser divertida, que quedarse juntos en casa todo el tiempo y tener clases online iba a ser diferente pero seguiría viendo a sus amigos. El crio atendía las explicaciones con una mezcla de sorpresa e ingenuidad que hizo sonreír a sus padres. José interrumpió el momento, tenían que ir a comprar.

– Ava, vamos rápido a comprar lo que nos falte, ya viste como quedaron las estanterías del agua el miercoles y todavía necesitamos el papel higiénico y la pasta. Vamos a asegurar las comidas de estos 15 días. –

– Vale cariño, me pongo los zapatos y bajamos ya mismo. Alex!, ponte las deportivas, te vienes a ayudarnos a elegir el tipo de pasta. ¿Qué prefieres, espaguetis o macarrones? –

– Macarrones mami!, con tomate! –

Bajaron al supermercado de la esquina de enfrente, estaba a menos de 200 metros y nunca lo habían sentido tan cerca como hoy. Había bastante bullicio pero dio tiempo a que José cogiera dos paquetes de 24 rollos de papel higiénico y varias latas de alubias y lentejas. Ava y Alex tenían los paquetes de macarrones y las dos ultimas latas de tomate frito. La cola para pagar iba rápido, nadie quería pasar mucho tiempo cerca de desconocidos, las mascarillas convertían a todos en sospechosos.

– Jose, cariño, ¿es necesario tanto rollo de papel? –

– No se Ava, nunca se sabe y me siento mas cómodo teniendo almacenado esto, no me preguntes porque… –

Ava le miró con cara de circunstancia mientras dibujaba media sonrisa en su cara. Era consciente de lo preocupante de la situación pero optó por tomárselo con optimismo. Es licenciada en Biología y sabe que esta enfermedad es lo suficientemente grave como para encerrar a toda la población en sus casas, pero al mismo tiempo sabe que se encontrará una cura. Jose confiaba en ella y esperaba que la cura llegue en los próximos días, porque el Presidente ha avisado que si no mejora la cosa se ampliará el periodo de confinamiento y no se imaginaba estar mas de un mes encerrado en casa…

17:26 horas

El matrimonio vive en uno de los edificios mas llamativos de Alicante, el Edificio Montreal, mas conocido como «La Pirámide». Es un edificio de los años 70 con un diseño en forma de vela y con unas vistas al monte Serra Grossa y al mar espectaculares. Se compone de 8 portales en altura con 2 ascensores por portal y de 8 brazos perpendiculares a la parte «piramidal» y que están agrupados de 2 en 2. Entre ellos hay 3 zonas ajardinadas y por la otra cara de cada «brazo» se accede a los garajes.

Cuando les surgió la posibilidad de comprar el piso en este edificio no se lo pensaron mucho, es emblemático y tiene un detalle que no pasa desapercibido, todos los pisos son exteriores y entra un aire fantástico que se agradece en los meses de calor. Para los meses de invierno la calefacción centralizada resulta extraña pero es suficiente para cobijarles del frio. Se dice que es un edificio feo, pero a José le parece excepcional, siempre dice a sus amigos que no encontraran muchos con un diseño parecido.

Entraron al piso y guardaron los rollos de papel en la alacena del baño principal. Nada mas entrar al piso se abre un gran salón comedor con dos grandes ventanales al fondo, a través de las cuales se ve la silueta de la Serra Grossa y un poco mas a la derecha el mar Mediterráneo. Ava descansa, siempre que puede, en el sillón mecedora colocado a los pies del ventanal izquierdo, desde ahí las vistas son magnificas. A la derecha se abre la puerta de la pequeña cocina. A la izquierda un pequeño pasillo da acceso a un despacho que hace las veces de habitación de invitados, justo enfrente un baño con ducha y a continuación la habitación de Alex y el dormitorio matrimonial con su baño principal, aunque por tamaño no tiene nada de principal.

– Ava, voy a bajar al garaje a comprobar que todo esta correcto y subo dos bidones de agua. –

– Vale José, llévate a Alex y que juegue un rato abajo con el balón, a saber cuando puede volver a patearlo. –

José abrió la puerta, espero a que saliera Alex y cerró tras de si. Miro hacia el ascensor y al ver que todavía estaba en su piso aceleró para entrar dentro antes de que se lo quitaran, mientras Alex miraba divertido las prisas de su padre.

Los garajes cerrados del edifico están en la parte trasera de la planta baja, en los brazos que parecen sujetar el edificio principal en forma de vela. Salieron a la calle desde el portal principal, a la derecha esta la zona ajardinada donde juegan un par de niños, ellos salieron hacia la izquierda donde se accede a la zona de garajes cerrados.

Mientras Alex daba pelotazos al muro de enfrente, José subió el portón del garaje numero 27. La luz entraba a su espalda y mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad del fondo pasó la mano por el coche y comprobó que estaba cerrado. Ayer estuvo llenándolo de gasoil, por si acaso había problemas de abastecimiento, pensó… Revisó de un vistazo que todo estaba en su sitio y que el portón no tenía ninguna marca extraña. Unos días atrás se cruzó con el vecino de arriba y le contó que varios vecinos habían visto gente desconocida merodeando el edificio. José no quiso darle mucha importancia, con las mascarillas puestas todos parecían extraños…

Antes de cerrar el portón recordó las garrafas de agua que compraron el miércoles, estaban en la parte trasera del garaje, cogió dos y salió a la calle con ellas. Bajó el portón del garaje y le echó la llave mientras buscaba, de reojo, desconocidos en los alrededores.

Alex había dejado de patear el balón y estaba observando la puerta de las telecomunicaciones. Es una puerta colocada al lado del portal de entrada al edificio, nunca se habían fijado demasiado en ella, está pintada en un color amarillento muy parecido al de la fachada del edificio y su merito es precisamente ese, que pasa desapercibida.

– ¿Ya te has cansado, hijo?, ¿quieres tirarme unos pases antes de subirnos? –

– Papá… – Alex no separa la vista de la puerta. – Papá…, la puerta se ha cerrado desde dentro… –

– Alex, esa puerta lleva cerrada desde que vinimos a vivir aqui, no la he visto nunca abierta y dentro estan los cables de internet y del telefono, no se puede abrir y cerrar desde dentro…

– Papa, la puerta se ha cerrado sola… –

José se acercó a la puerta e intentó abrirla tirando del pomo. Estaba cerrada. La cerradura de la portecilla tenía la forma triangular típica de los armarios de telecomunicaciones o de la luz, muy parecida a las cerraduras de desbloqueo de la puerta de los ascensores. José recordó que tenía una llave triangular que encontró en el ascensor de su anterior casa, se la había dejado olvidada el técnico que fue a revisar el ascensor y cuando la vio pensó que el un futuro le podría ser útil. – Puro Diógenes -, le dijo Ava cuando se lo contó.

– Está cerrada Alex, la habrás golpeado con la pelota y te habrá parecido que se mueve, pero está cerrada. Venga, vamos a subir a casa y empecemos a prepararnos para los próximos 15 días, ¿te parece bien?. Coge el bidón pequeño y ayúdame a subirlo. –

Alex coge el bidón de 5 litros con las dos manos y José el de 8 litros. Andaron hasta el portal, Jose saco las llaves del bolsillo, abrió la puerta y le dio una patadita al balón de Alex para meterlo dentro, no era el primero que se olvidaron en la calle… Alex entró rápido al portal y al sacar las llaves de la cerradura del portal José escuchó un ruido que venía de los garajes. Miró hacia allí, no había nadie pero al pasar la vista por la callejuela se dio cuenta que del resquicio inferior de la puerta de las telecomunicaciones salía una luz tenue.

– ¿Habrá estado algún técnico y se habrá dejado la linterna encendida?, juraría que al intentar abrirla no estaba esa luz… – pensó extrañado. – Bueno, hay cosas mas importantes en las que pensar y esa linterna se quedará sin pilas mientras nosotros estamos encerrados en casa… – Entró al portal mientras se cerraba la puerta y se dirigieron al ascensor, Ava les esperaba.

Al mismo tiempo, en la luz que se adivinaba por debajo de la puerta de las telecomunicaciones, durante un segundo, se formó la sombra de unos pies y se apagó. La calleja se quedó en silencio y vacía mientras la población se preparaba para no salir de sus casas durante un largo periodo…